Bertrand de Jouvenel, La ética de la redistribución

Bertrand de Jouvenel

La ética de la redistribución

introducción de John Gray

conocimiento
126 páginas, 13 x 20 cm.
The ethics of redistribution
ISBN 9788492946075, rústica

julio 2010

La economía política del siglo XX ha estado sometida a la tensión entre las teorías de la igualdad y las teorías de la eficiencia. Si unas proponen que la riqueza se redistribuya por la acción de los gobiernos, las otras sugieren que la presión fiscal que obtiene recursos de algunos para asignarlos a otros genera importantes desincentivos para el trabajo, el ahorro y la inversión. Suponiendo que la redistribución no introdujera desincentivos para la creación de riqueza, ¿se convertiría entonces en un objetivo deseable, y no habría por tanto ningún argumento en su contra? Estas preguntas de Bertrand de Jouvenel encuentran respuesta en La ética de la redistribución. Al aislar la discusión de la objeción práctica más fuerte y habitual (la “ineficiencia” que introduce en la economía), De Jouvenel crea las condiciones para tratar la cuestión en sus bases éticas mismas. Y sus conclusiones no son alentadoras: según el filósofo francés, el principal efecto de las políticas gubernamentales no radica en obtener ingresos de la población rica para asignarlos a la población más pobre, sino en transferir el poder de la población -y especialmente el de la población más pobre- al Estado: cuando es el Estado el que asigna recursos, los individuos pierden su capacidad de decidir y de planificar sus propias vidas. Ante el hecho de que las burocracias públicas no dejan de crecer a expensas de la sociedad civil, La ética de la redistribución recrea las bases para una discusión que debe ser renovada en nuestro tiempo. Lea un fragmento

Bertrand de Jouvenel París, Francia, 1903 – 1987
Fue hijo de un miembro de la antigua nobleza francesa de la región de Champaña y de una mujer de origen judío procedente de una familia de industriales. Luego de divorciarse, en 1912 el padre contrajo matrimonio con la escritora Colette, con quien en 1920 Bertrand comenzó un romance. El affaire, que provocó un escándalo y terminó con el matrimonio de su padre, duró hasta 1924. En 1930, De Jouvenel participó en los Cahiers Blues, la revista del Partido Republicano Sindicalista de Georges Valois. Desilusionado con la política de los partidos tradicionales, en 1934 abandona el Partido Radical y comienza a frecuentar círculos realistas y nacionalistas, en los que conoce a Henri de Man y a Pierre Drieu la Rochelle. En 1936 se unió al Partido Popular Francés de Jacques Doriot. Luego de la guerra, e influido por la proximidad de su madre con el grupo de la Monte Pelerin Society (fundado por Friedrich Hayek, Jacques Rueff y Milton Friedman, entre otros), se dedicó a la teoría económica, poniendo especial atención en las teorías del bienestar económico. De Jouvenel fue acusado de germanófilo primero, y luego perseguido por los nazis; fue un agudo detractor del socialismo, pero también un crítico tenaz del liberalismo à la Hayek. Sin embargo, el carácter controvertido de su trayectoria no ha empañado la claridad de su pensamiento.

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