“EL SIGLO DE LOS INTELECTUALES”, Por Michel Winock

Edhasa Trad.: Ana Herrera

1056 páginas

Es un banquete de alta cocina, integrado por tres platos principales y una multitud de acompañamientos. Michel Winock (1937) es el chef que eligió cuáles serían esos tres platos: Maurice Barrès, André Gide y Jean-Paul Sartre. Barrès desde el affaire Dreyfus hasta la Primera Guerra Mundial, Gide entre las dos guerras y Sartre después de la liberación de París son, para Winock, profesor de Historia Contemporánea en el Instituto de Estudios Políticos de París, los tres intelectuales que marcaron época, al dar la tónica de una forma de ver y pensar el mundo y la política desde la literatura y la acción directa.
Winock puso el foco solamente sobre los intelectuales franceses, en una elección que parece dejar afuera, a primera vista, el resto de la intelectualidad del mundo. Pero lo justifica diciendo que la palabra tomó sentido en Francia, a partir del caso Dreyfus, cuando se llamó así, en general, a los escritores, artistas, científicos, filósofos, que capitalizaron la mayoría de las intervenciones públicas alrededor del affaire del supuesto espionaje del militar francés. Y dice que los tres personajes protagónicos que eligió “fueron admirados, detestados, imitados; los tres influyeron en su época y durante varias generaciones”.
En “Los años de Barrès”, primera parte de El siglo de los intelectuales , Winock comienza con una anécdota: la visita de Léon Blum, joven socialista, al escritor consagrado para pedirle apoyo en el caso Dreyfus. Como dice el autor, era una gestión incongruente, pues Barrès era un abanderado de la postura contraria. Pero la anécdota le sirve para explicar el clima literario de la época, en el que los valores de la escritura todavía estaban por encima de las oposiciones políticas. Barrès no firmó, pero ante su joven contertulio elogió a Émile Zola, campeón de la campaña a favor de Dreyfus. En los años posteriores, Barrès se convirtió en el campeón del nacionalismo. En libros y en periódicos, el escritor que en su juventud había defendido el individualismo se transformó en el líder de una corriente antisemita y patriotera, especialmente después de la revisión del caso Dreyfus y su nueva condena. Pero ya a principios del siglo XX, Barrès tiene un heredero: Charles Maurras. Antisemita y antirrepublicano, Maurras se unió a Barrès con la idea de formar un partido nuevo que consagrara sus ideas. Nació así la Acción Francesa, un grupo de intelectuales que quería acabar con el régimen parlamentario y publicaba una revista quincenal con el mismo nombre.

Eran los años de la preguerra y fue entonces cuando André Gide y un grupo de escritores lanzó La Nouvelle Revue Française , la célebre NRF , que haría historia. Gide fue, según Winock, el protagonista principal de los años entre las dos guerras mundiales. Oscilando entre los pruritos morales que lo acosaban por sus preferencias homosexuales y la necesidad de hacer pública su vida, terminó publicando Corydon , donde exponía su vida.
En esos mismos años, Gide se encontró en medio del torbellino ideológico generado en el mundo por la Revolución Rusa. Y después de varias campañas a favor de las condiciones de vida de los trabajadores del Congo, se volcó hacia el comunismo y se convirtió en lo que se llamaba en esa época un “compañero de ruta”. Viajó a la Unión Soviética y al poco tiempo lo conquistó la decepción: “En el fondo -dijo-, el comunismo no existe allí; sólo existe Stalin”. Fue un período en el cual la mayoría de los intelectuales se encontraron ante la disyuntiva de aprobar o denostar el pacto entre Stalin y Hitler. La guerra civil en España también creó bandos opuestos entre la intelectualidad.

Jean-Paul Sartre califica ese mundo de conflictos como “el del cinismo más implacable”. El escritor Paul Nizan, movilizado al comienzo de la Segunda Guerra Mundial, renunció al Partido Comunista al enterarse de que los soviéticos habían entrado en Polonia. Estaban viviendo un tiempo de confusiones extremas.
En la tercera parte, “Los años de Sartre”, Winock sostiene que Gide, después de su oposición al comunismo, había dejado de ser “un guía de conciencia”. Pero Sartre lo admiraba. Cuando el autor de Los monederos falsos murió, en 1951, Sartre publicó en Les Temps Modernes una nota donde afirmaba que “supo unir en su contra a los biempensantes de derechas y de izquierdas”. Desde la liberación, Sartre “dominaba la escena”, estaba en los diarios, su foto era conocida por doquier.
El período en el cual actuó Sartre fue el del “compromiso”. La palabra se convirtió en grito de guerra desde el lanzamiento de Les Temps Modernes , revista en la que Sartre atacaba la “irresponsabilidad” de los escritores. Fue la época de la guerra de liberación de Argelia y de Indochina, del arribo al poder de Charles De Gaulle, de Mayo de 1968… Winock contrasta las figuras de Sartre y Albert Camus. “El primero abogaba por la revuelta y no dejaría de radicalizar su pensamiento. El segundo, partiendo de la revuelta, profesaba la moderación.”
La obra cuenta con un cuadernillo en papel ilustración con fotografías, un índice alfabético de nombres, tres anexos con documentos, una bibliografía orientativa, notas a cada capítulo y una utilísima cronología que enumera la vida política en paralelo con la vida cultural del período tratado.

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