“En casa. Una breve historia de la vida privada” por Bill Bryson

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Madrid, 4 oct (EFE).- Las guerras, las plagas y los inventos jalonan la historia, pero el escritor estadounidense Bill Bryson reparó un día en que escrutando los rincones de su propia vivienda podía escribir otra historia, la de la vida privada, pues “todo lo que ocurre en el mundo -dice- acaba desembocando en casa de uno”.

Los objetos que acompañan la vida cotidiana, la arquitectura de las casas, los utensilios de cocina, la electricidad, los lugares en los que las personas duermen o se lavan, la forma de conservar los alimentos, todo lo que nos rodea escriben por sí solos de cómo la vida se ha ido transformando hasta adoptar su forma actual.

El resultado es “En casa. Una breve historia de la vida privada”, publicado por RBA, un libro, ameno y divertido, en el que Bryson (Des Moines, Iowa, 1951) vuelve a encandilar a sus lectores, como lo hizo con títulos como “En las antípodas” (2000), “Una breve historia de casi todo” (2003, premio Aventis y premio de divulgación Descartes), o “Aventuras y desventuras de Chico Centella” (2011).

Desde hace décadas, Bill Bryson vive en Norfolk (Inglaterra) en una antigua rectoría anglicana -el equivalente en España a la casa del cura-, un caserón del XIX que al autor le sirve para ir tirando del hilo y desvelando el pasado de las vidas privadas en la Inglaterra victoriana, sobre todo, pero remontándose a pasados mucho más remotos también.

Y el primer aspecto en el que el escritor se detiene, es precisamente el morador de esa casa: el párroco anglicano del medio rural, perteneciente entonces, dice el autor, a las clases acomodadas.

Una clase muy cultivada y con tiempo libre para hacer cosas notables, como escribir novelas populares (“Tristram Shandy” de Laurence Sterne), inventar el telar mecánico en plena revolución industrial (Edmund Cartwright), criar el russell terrier (Jack Russell) o escribir un clásico como “Alicia en el país de las maravillas”, aunque Lewis J.Carroll no llegó a ejercer como pastor.

Durante toda la Edad Media, cuenta Bill Bryson, los suelos eran de tierra cubierta con cañas que encubrían “escupitajos, vómitos y orina de perros y de hombres, cerveza derramada y restos de pescado y otra porquería indecible”.

En el medio rural siguieron siendo de tierra hasta el siglo XX, de ahí que los ingleses hablen de “ground (tierra) floor” al referirse a la planta baja.

¿Por qué hablamos de banquetes en la Edad Media? ¿Por qué hablamos de ‘hacer la cama’? Pues, en el primer caso, porque los comensales se sentaban en bancos, en el segundo, porque en aquel tiempo tenías realmente que fabricártela: se amontonaba paja, se echaba mano de una capa o una manta y se acomodaba uno como mejor supiera, explica el autor.

Cuando Enrique VIII murió, prosigue Bryson, tenía más de 40 palacios repartidos por el país, pero su hija Isabel I comprendió que le era más rentable visitar las casas de los demás y que ellos sufragaran los gastos de su estancia.

Instituyó para ello la gira real anual con la que visitaba unas dos docenas de casas. Para el anfitrión era una oportunidad de ascenso social pero cara de precio, porque la monarca viajaba con 150 personas de séquito que podían robar y hasta “dejar sus excrementos en cada esquina” como contaba un lugareño de Oxford hacia 1660.

¿Y qué decir de los alimentos que durante siglos han poblado las cocinas? Pues, por ejemplo, que a mediados del siglo XVII el azúcar podía estar adulterado con yeso o la mantequilla con sebo o manteca de cerdo, que hubo quien le añadió ácido sulfúrico al vinagre y trementina a la ginebra, para hacerlos más intensos.

La edad de oro de la gula fue el siglo XVIII -el surtido de manjares, de carnes, pescados y verduras era deslumbrante-; la cena típica del obrero cien años después era un pedazo de pan y una cebolla.

“Karl Marx, que vivía en el Soho en un estado de endeudamiento crónico y que con frecuencia no tenía nada que llevarse a la boca, tenía un ama de llaves y un secretario personal. El secretario tenía que compartir cama con Marx”, pero eso no impidió, continúa el relato, que el pensador lograra tener sus momentos de intimidad con el ama de llaves, que le dio un hijo.

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Un pensamiento en ““En casa. Una breve historia de la vida privada” por Bill Bryson

  1. parece un buen libro,el tema es similar al de un autor ruso que escribio uno titulado UN PASEO POR LA CASA,en el que describe artefactos e inventos que pueblan nuestros hogares.

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