“Los hombres del Juicio”, por Pepe Eliaschev

Editorial Sudamericana, 2011

En Clarín.com

Los responsables del histórico juicio a las juntas militares de la dictadura, en 1985, confiaron al periodista Pepe Eliaschev la delicada tarea de contar la intimidad de ese proceso. Lo que sigue son fragmentos escogidos por el autor de la introducción de Los Hombres del Juicio , que editó Sudamericana.

“Desde marzo de 2004, cuando el presidente Néstor Kirchner enunció desde el predio de la Escuela de Mecánica de la Armada que durante veinte años la democracia argentina había hecho “silencio” en materia de derechos humanos y que él venía a pedir perdón por tal supuesta omisión, convivo con una sensación insoportable de injusticia y atropello. Rescatar la historia humana de quienes no cazaron en el zoológico, contar quiénes eran, de dónde venían y cómo condenaron a los mayores criminales de la historia argentina, era una maravillosa oportunidad de ajustar cuentas. En mi mirada, sin embargo, me importaba escribir para quienes no pueden saber bien qué sucedió porque eran muy jóvenes o ni siquiera habían nacido. La propuesta se hizo proyecto y el proyecto inició su rodaje (…) “La Argentina de 1985 no era un país ocupado. Los jueces intervinientes no representaban potencias extranjeras. Y, claro, los crímenes de la barbarie nazi no pueden ni deben ser comparados con la matanza consumada por los militares argentinos. (…) “La Argentina juzgó inicialmente a un puñado de culpables, pero eran los principales. Las juntas militares como tales, es decir, como cabezas jerárquicas de las Fuerzas Armadas, fueron encausadas y, al final del camino, seis jueces dispusieron las sentencias. (…) “Fueron, claro, mucho menos contundentes de lo que una minoría vociferante exigía. Solo Videla y Massera recibieron condenas de prisión y reclusión perpetuas, de las que los rescató un gobierno peronista en 1990. Espasmódica, la Argentina pasó benevolentemente de la ignorancia de 1976, al despertar asombrado de la conciencia de 1980, y del brutal amanecer de 1982 a la exigencia de castigos masivos y totales en 1983. (…) “La historia de esos juicios es la crónica de un logro maravilloso de la Argentina, una proeza civil de cuya consecución muy pocos estaban persuadidos, incluso dentro del propio gobierno del presidente Alfonsín. Esa hazaña no ha sido adecuadamente reconocida por la sociedad argentina. Incluso en ámbitos internacionales, tiene escaso peso específico la dimensión histórica excepcional de los juicios argentinos a las juntas militares, aunque en los medios jurídicos extranjeros la sentencia firmada por los jueces de la Cámara Federal es hoy venerada como materia obligatoria de referencia.Nadie en el mundo hizo tanto, tan rápido y de manera tan contundente. Los veredictos de 1985, cuando en Chile y Brasil gobernaban los militares, en Sudáfrica reinaba el apartheid, Reagan y Thatcher eran los líderes indiscutidos de Occidente y el llamado “campo socialista” gozaba aún de agónica vida, son una colosal desmesura argentina. Como suele suceder, es una hazaña poco conocida y mezquinamente asumida.No solo se necesitó de un presidente como Alfonsín para hacerla viable. Los artesanos individuales de esa fantástica afirmación del principio de la justicia y la consecuente derrota de la noción de impunidad, fueron magistrados de la carrera judicial, hombres comunes con vidas parecidas y diferentes, a los que el azar impulsó a tener que proyectarse como seres extraordinarios”. (…) “Ésta es la parte más estremecedora de esta historia, la de seis jueces que, con el aporte decisivo de un fiscal excepcional y de una pequeña patrulla de seres indispensables que buscaron y recogieron las pruebas, sistematizaron los datos y averiguaron en los pliegues más tenebrosos del horror para que se supiera la verdad, hicieron lo que tenían que hacer. Es una historia de gente común, argentinos a los que nadie reconocería en el subte, personas que a la hora de priorizar los valores, optaron por la decencia y allí se abroquelaron. En una sociedad anhelante, vulnerable a sensualidades diversas, y proclive a las vociferaciones más extremas, seis señores jueces fueron sabios, valientes y rectos. No hay derecho a ignorar esa victoria luminosa lograda tras una batalla civil inolvidable”.

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