La historia de la ciencia en una biblioteca

Por Natalia Blanc | LA NACION

Alexander Von Humboldt.

En la ciudad de San Miguel de Tucumán se encuentra una de las instituciones más relevantes de América Latina dedicada a la investigación en ciencias naturales. La Fundación Miguel Lillo, legado del naturalista tucumano fallecido en 1931, tiene una biblioteca con alrededor de trescientos mil ejemplares; entre ellos, los treinta tomos de Voyage aux Règions Equinoxiales du Nouveau Continent, de Alexander von Humboldt y Aimé Bonpland, editados entre 1799 y 1834, y otros valiosos títulos que pertenecieron a la colección privada de Lillo.

Con un plantel formado por más de doscientos investigadores, cuyos trabajos son difundidos a través de publicaciones propias, la fundación impulsa el estudio y la investigación científica en disciplinas como la zoología, la botánica, la geología y la conservación del medio ambiente. Además de la biblioteca especializada, cuenta con un centro cultural que lleva el nombre del humanista Alberto Rougés y un Museo de Ciencias Naturales. En la sala de exhibición permanente, los visitantes (público general y alumnos de escuelas) pueden apreciar fósiles paleontológicos, minerales y paisajes del noroeste argentino. El sábado 24 de agosto, a partir de las 19, el Museo Miguel Lillo ofrecerá actividades especiales, en el marco de la Noche de los Museos.

El Centro de Información Geo-Biológico del NOA, como se denomina la biblioteca desde 1970, tuvo origen en el acervo de Lillo: 11.800 volúmenes que fueron donados después de su muerte. Entre los tesoros que allí residen figura la edición de 1524 de Naturalis Historiae Opus, de Cajus Plinius Secundus, el libro más antiguo de la colección. Tiene tapas de madera, con aplicaciones en cuero, y una hoja de pergamino manuscrita en tinta negra y roja. Las ilustraciones representan escenas con figuras humanas. A Lillo le interesaba leer bibliografía en su idioma original y es por ese motivo que en su colección personal había títulos escritos en latín, como el Naturalis… y Annotaciones in Pedacij. Dioscoridis Anazarbet de Medica materia libros v: longe aliae quam anste bac sunt enulgata (1561), de Valerius Cordus, con ilustraciones de plantas medicinales pintadas a mano.

Otras joyas bibliográficas antiguas son Stripium Historiae Pemptades Sex Sive Libri XXX, de Rambertus Dodonaeus, editado en 1583; la segunda edición de los Comentarios Reales de los Incas, de Garcilaso de la Vega, de 1602; The Anatomy of Plants, de Nehemias Grew, de 1682; y el Atlas Novus Sive Tabulae Geographicae, de Mattheo Seutter (1741), iluminado a mano.

Según informan en la página web de la fundación (www.lillo.org.ar), uno de los tesoros del centro está constituido por más de cien floras de diferentes regiones del mundo. Se destacan, entre ellas, Prodromus Systematis Naturalis Regni Vegetabilis, de De Candolle, editada en diecisiete tomos entre 1824 y 1873, y la Flora Brasiliensis, de Martius, publicada en cuarenta volúmenes entre 1840 y 1906, uno de los tratados botánicos más importantes de la historia.

De la serie Voyage aux Règions Equinoxiales du Nouveau Continent, de Humboldt y Bonpland, se imprimieron siete copias, de las que se conservan dos. Una pertenece a la Biblioteca Nacional de París y la otra se encuentra en esta completísima biblioteca tucumana. Los tomos, de gran tamaño, presentan una encuadernación lujosa con ilustraciones interiores realizadas a mano. Especialistas alemanes visitaron el centro tiempo atrás, atraídos por la colección Humboldt, que posee un valor histórico y científico incalculable.

The Botanical Garden, de 1794, con hojas fileteadas en oro e ilustrada a mano por los más destacados pintores del Siglo de Oro y los grabados de Blake en las obras de Charles Darwin son otras obras que integran la biblioteca.

Las consultas están abiertas a investigadores de la fundación, docentes y alumnos de la Universidad Nacional de Tucumán y público en general. Los ejemplares más antiguos y los incunables se resguardan en vitrinas especiales, como sucede en la mayoría de las bibliotecas-tesoro del mundo.

Ubicada en el segundo piso del edificio en el que vivió Lillo (sobre la calle que le rinde homenaje con su nombre), la colección se incrementó y enriqueció con el paso del tiempo hasta llegar a los trescientos mil títulos que ofrece actualmente. Humanista por naturaleza, al investigador también le interesaba la literatura, la poesía, la filosofía y el teatro. Es por eso que, entre los volúmenes de ciencias naturales, también se pueden encontrar joyas literarias y obras clave del pensamiento antiguo, moderno y contemporáneo. Estos títulos se complementan con otros donados al centro cultural por los familiares de Ernesto Padilla (1873-1951), quien fue gobernador de Tucumán y unos de los fundadores de la universidad de la provincia.

Junto con la Biblioteca Padilla, en el centro cultural de la fundación también están disponibles los quinientos volúmenes que pertenecieron a Jorge Rougés (especialmente sobre historia del arte, diccionarios enciclopédicos y atlas geográficos) y la colección donada por la familia Lagmanovich, que contiene ocho mil títulos vinculados con la literatura.

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