Allende. La Biografía, Mario Amorós

Allende y Pablo Neruda.

A cuarenta años de su muerte, que es también la fecha del golpe de Pinochet en Chile, el español Marió Amorós acaba de publicar una biografía del líder socialista. “Para Nixon, Allende era más peligroso que Fidel Castro”, arriesga el biógrafo.

El Gobierno de Salvador Allende era mucho más peligroso para Estados Unidos que la Cuba de Fidel Castro, porque rompía los mitos de la Guerra Fría, dice el español Mario Amorós, que ha publicado una biografía sobre el presidente chileno con motivo del 40 aniversario de su muerte.
“Allende. La Biografía”, publicado por Ediciones-B, es el séptimo libro de Amorós sobre Chile y condensa en 688 páginas una investigación de 18 años, además de aportar abundante documentación inédita. “Creo que faltaba una biografía de Allende de referencia. Yo he intentado escribirla, en la medida de mis posibilidades”, señala en una entrevista con Efe el autor del libro, que este miércoles se presentará en Santiago.

“Allende, pese a que es un ícono, también es un gran desconocido”, por ejemplo, por su papel como ministro de Salubridad (1939-1942), cuando fue “uno de los pioneros del sistema de seguridad social en América Latina”, opina Amorós, quien ha querido despegarlo de la fecha del golpe. “Permanece atrapado en el 11 de septiembre, pero merece ser conocido también por su propuesta de un socialismo democrático, que planteaba el respeto al pluralismo político y a los derechos humanos”, asegura.

En la biografía, Amorós expone la faceta de Allende como una persona divertida que amaba la buena mesa y la ropa de calidad, y jugaba con esa “leyenda cultivada sobre su relación con las mujeres”.
Para el libro, el autor entrevistó a 16 personas y revisó documentos de 15 archivos y 54 medios de comunicación chilenos y otros 23 de otros nueve países, así como una bibliografía de 279 títulos.
Al profundizar en la vida de Allende, a Amorós le sorprendió “su tenacidad y claridad política”, al plantear ya en 1943 el programa político que llevaría a la Presidencia, así como su estrecha relación con políticos como el democristiano Eduardo Frei Montalva.
La amistad que les unía, sin embargo, se empezó a resquebrajar con la ascensión de Frei a la Presidencia en 1964 y con la “campaña del terror” de la Democracia Cristiana (DC) y la derecha, que plantearon que Allende quería implantar una “dictadura estalinista”.
Según señala, ya en los primeros meses del Gobierno de Allende “la DC navegó entre dos aguas”, pero el asesinato en 1971 del exministro democristiano Edmundo Pérez Zujovic, atribuido a un grupúsculo izquierdista, “abrió un abismo moral y político” entre ambos bloques.
A partir de ahí se “empezó a cuajar la alianza férrea entre la DC y la derecha que Allende no pudo romper en ningún momento”.
Al punto de que la víspera del golpe, Frei Montalva, entonces presidente del Senado, y Patricio Aylwin, jefe de la DC y más tarde primer jefe de Estado (1990-1994) tras la recuperación de la democracia, “sabían que iba a haber un golpe de Estado y no alertaron” a Allende, afirma Amorós.
En el escenario internacional, Allende se topó además con las maniobras subterráneas de Estados Unidos.
“(Richard) Nixon ordenó un golpe contra Allende antes de que fuera presidente y, cuando fue elegido, ordenó una guerra civil no declarada. De manera paralela, Nixon planteaba un discurso (público) de amistad entre dos naciones democráticas”, afirma Amorós.
Con todo, Amorós reconoce que Allende “cometió errores y por supuesto no fue ningún superhéroe: era un ser humano con sus flaquezas, debilidades y virtudes”.
A su juicio, Allende “se equivocó al mitificar la democracia chilena” y sostener el discurso de que “la burguesía iba a admitir la destrucción de sus privilegios por la vía democrática”, así como al valorar el papel de las Fuerzas Armadas y su respeto a sus obligaciones constitucionales.
Por último, “ni Allende ni la izquierda supieron dimensionar qué significaba la experiencia chilena para EE.UU.”, afirma.
“El Gobierno de la Unidad Popular, con su respeto absoluto a los derechos políticos, sociales y humanos, era un ejemplo mucho más peligroso para Nixon que Fidel Castro, porque rompía los mitos de la Guerra Fría”, subraya Amorós.
Y era posible que su ejemplo -añade- se repitiera en la Italia de la época, donde en 1978 fue asesinado el exprimer ministro Aldo Moro, partidario de un acuerdo entre la Democracia Cristiana y el Partido Comunista italiano, explica.
Amorós recuerda que a la esposa de Moro, cuya muerte fue atribuida a las Brigadas Rojas, Henry Kissinger le había advertido en 1976 de que si su marido no abandonaba esa postura lo pagaría “caro”.

Fuente: Fuencis Rausell  /  EFE

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