Académicas. Un historiador de EE.UU. indaga en el contexto que iba a generar el movimiento de 1810.

POR JORGE GELMAN en Revista Ñ

Los talleres de la revolución. La Buenos Aires plebeya y el mundo del Atlántico, 1776-1810 (Prometeo Libros) de Lyman Johnson.

En los últimos tiempos se ha hecho fuerte entre los historiadores la idea de que la Revolución de Mayo tuvo su origen en procesos exógenos a la propia sociedad rioplatense. Compartiendo este diagnóstico con quienes estudian las revoluciones iberoamericanas, se ha puesto el énfasis en el llamado ‘bienio trascendental’ que arranca en 1808 cuando los ejércitos napoleónicos invaden la península ibérica, deponen a sus hasta entonces aliados monarcas de España (Carlos IV y su hijo Fernando VII) y nombran en su lugar a José Bonaparte. Ello desata la ‘guerra de Independencia’ anti-francesa y la conformación de Juntas de gobierno en reemplazo del rey prisionero. Ese movimiento es acompañado por otro similar en las colonias americanas, que constituyen Juntas ‘en nombre de Fernando VII’, iniciando una dinámica de autonomía difícil de parar. En 1810, cerrando ese bienio, cuando el último bastión español parece a punto de caer, se desatan movimientos más decididamente independentistas en América. Así, como lo señaló en sus Memorias Cornelio Saavedra, presidente de la Primera Junta Gubernativa en Buenos Aires, la revolución se habría debido ‘a la ambición de Napoleón y a la de los ingleses’.

Como agrega Saavedra, se sumó aquí otro acontecimiento, vinculado también a las guerras napoleónicas, las invasiones inglesas de 1806 y 1807. Estas jugaron un rol central al desacreditar a los funcionarios reales, incapaces de defender el territorio, y alterar las jerarquías sociales y políticas a favor de unas milicias convocadas para la ocasión, en alta proporción criollas, que empezaron a jugar un papel central en las estructuras de poder local.

Luego de iniciado el proceso revolucionario, sabemos que hubo una creciente participación de los sectores populares en la escena política rioplatense. Así lo han puesto de relieve últimamente los estudios de Gabriel Di Meglio y de Raúl Fradkin para Buenos Aires, de Ana Frega para la Banda Oriental, de Sara Mata y Gustavo Paz para Salta y Jujuy, por mencionar algunos ejemplos. Esta intervención popular parece ser la consecuencia sobre todo de la intensidad y duración de las guerras que siguen a la revolución, en la cual esos sectores jugaron un rol central.

Los talleres de la revolución. La Buenos Aires plebeya y el mundo del Atlántico, 1776-1810 (Prometeo Libros) de Lyman Johnson nos dice que esta movilización y politización subalterna en Buenos Aires no fue un proceso que surgiera por arte de magia con las invasiones inglesas y la crisis monárquica, sino que se venía preparando de lejos. Y que esas intervenciones previas ayudan a comprender la importancia y características que tuvieron esos sectores una vez producida la revolución. Es decir que ellas mismas tienen una historia. ¿Cuál es esa historia que nos cuenta el historiador norteamericano que desde hace décadas estudia nuestro pasado colonial?

Lo primero que vale la pena destacar es que este libro, a diferencia de l’histoire en miettes que predomina en la historiografía actual, nos propone un relato de historia total, en el cual para entender el comportamiento político de los sectores populares es necesario conocer a fondo el contexto económico, social, político y cultural en el cual van a intervenir.

Así, el libro nos ofrece una pintura de la sociedad porteña virreinal muy abarcadora y seguramente la mejor que se puede ofrecer hoy. Pone el acento en procesos que conmovieron a la sociedad porteña en las últimas décadas coloniales, focalizando particularmente en el mundo de los artesanos y en los sectores plebeyos.

En el inicio, Johnson estudia la población de la ciudad y detalla las características del mundo del artesanado, ampliado en estas décadas por la llegada de europeos que van a ser mayoría en sus rangos superiores, y por esclavos y afro-descendientes que van a alterar las condiciones del trabajo en sus rangos inferiores. Se detiene sobre las características del mundo de trabajo urbano, que señala como abierto, con posibilidades de ascenso social y escasos lazos de dependencia, al menos comparado con otras ciudades coloniales más aristocráticas.

Luego aborda los problemas centrales que atraparon su atención: los conflictos alrededor de la voluntad de algunos artesanos, especialmente los zapateros, de constituir gremios como en otras ciudades del imperio. Estos maestros artesanos, mayormente peninsulares, buscaban regular una actividad que había crecido mucho y en la que intervenían actores muy diversos. Propusieron reglas que pautaban la actividad y discriminaban a los sectores racialmente subordinados, incluyendo una minoría de maestros artesanos ‘de color’. Ello generó una reacción de estos sectores, quienes litigaron ante las autoridades y terminaron proponiendo la creación de un gremio de pardos y morenos.

De esta manera Johnson explica que el intento de los maestros zapateros por reforzar su autoridad sobre unos sectores que consideraban subalternos, generó la reacción de esos mismos sectores que aprendieron a presionar y negociar con las autoridades, adquiriendo conciencia de su situación en el camino.

Estos conflictos coincidieron con la difusión de novedades como la rebelión de los esclavos haitianos, que conmocionó a la sociedad local. Así, el libro analiza la llamada ‘conspiración de los franceses’ de 1795, por la que las autoridades ordenan investigar una supuesta rebelión en ciernes de afro-descendientes, en la cual el alcalde don Martín de Alzaga detiene y tortura a varios sospechosos. El autor propone entender el caso en el contexto del miedo de las autoridades por aquellas noticias, la presencia creciente de africanos en la ciudad y la experiencia previa de pardos y morenos tomando iniciativas que confrontaban con los maestros artesanos españoles y las autoridades.

En los capítulos finales, el autor analiza con maestría las condiciones de vida de la población de Buenos Aires. Sin duda el lector encontrará en ellos los mejores aportes realizados hasta ahora sobre el tema. Allí destaca varios momentos de crisis que influyeron en los procesos antes analizados, como el extraordinario pico inflacionario de 1803. Con ello Johnson argumenta que las crisis económicas y políticas de las últimas décadas coloniales tuvieron un fuerte efecto en los plebeyos de Buenos Aires, ayudándolos a subvertir o alterar jerarquías establecidas y provocando la experimentación.

Esa trayectoria informa la experiencia vertiginosa que va a vivir la sociedad porteña desde 1806 y explica en gran medida el papel de la plebe porteña en ese proceso, así como las características particulares del proceso revolucionario en la región. De esta manera, la revolución rioplatense recupera una historia de largo plazo, que parecía perdida.

*Historiador. Instituto Ravignani, UBA, Conicet.

Un pensamiento en “

  1. Excelente aporte para las miradas renovadoras de la historia rioplatense, que se està reconstruyendo desde el ambito regional. H.F. (Udelar – Uruguay) (Ipa – Uruguay)

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